La esposa

Lo admira, su esposo es artista. Ella decidió estudiar microbiología cuando sus padres le ponían nombres rusos a las bacterias que vivían en sus manos después de jugar y antes de comer.

Se enamoró del maestro, del aplaudido, el de la palabra perfecta. Fue después de un concierto y desde entonces ella sabe muy bien el lugar de cada cosa: el portatraje, el atril, la particella de su primera vez con orquesta. Ésta no puede faltar porque entonces algo trágico sucede: un estornudo en escenario, un pedo, un apagón…

Hace un año la contrataron como líder del equipo de control de calidad de la transnacional China Resourses Snow Brewery, productora de la cerveza más vendida en el país asiático.
Por su trabajo debe viajar una vez al mes de un continente a otro, ir a la representación en Estados Unidos cuando hay reuniones y realizar investigaciones desde casa. A veces pasa horas mirando por un microscopio los bichos con nombres rusos y se desentiende de lo demás. Ella ha descuidado los sonidos que admira, la palabra perfecta, incluso el portatraje.

Sus ingresos, aunque no alabados en casa, son altísimos. Hoy, al atardecer, disfrutaron un Brie de Meaux con uvas en la terraza; también un Noble dragón, el vino tinto chino más vendido en el mundo. Ella le explica entusiasmada que los millones de chinos residentes en Europa están consumiendo el producto nacional.

Él desconoce a esta mujer -- No parece la esposa de un artista. Así piensa mientras se da cuenta de que no resiste el aroma a moho de la corteza del queso, rechaza el vino chino y se come, muy despacio, dos o tres uvas.

El sol regala los últimos tonos rojos a la tarde.

Comentarios

Entradas populares