Infancia I

Arrecifes... poder con ellos. Nadar después. Ver un azul violáceo o verde o azul sobre el fondo. Una tabla en el oleaje y raspones en las piernas. En esos tiempos podías morir por un Barquito portugués o un Aguamala.

En el reloj de Quinta Avenida comenzaba otra aventura. Estirar las piernas en los escalones, intentar entrar mil veces, burlar la puerta del relojero, pasar al otro lado ¡y fuera! Miramar era mío: 12, 14,...24... ¿Ves esas bolitas verdes? Trata de pisarlas... una, otra, muchas veces. Son los frutos del ficus. Cuidado, puedes obsesionarte.

Mi madre un día me contó sobre Emiliano Zapata, un líder agrario que luchó por la revolución de México. Estaba ahí, un poco solo, mirando cómo nos acostábamos en los bancos de la pérgola para ver osos y mariposas en las nubes. Nos dejaba mecernos en las barbas de esos árboles ancianos... con fuerza, sin miedo.

Desde el camellón la escuela se veía gigante, con tejas verdes, la casa grande: César Escalante. Mery Luz Albear hablaba bajito. Su voz era aguda y limpia. Tenía las uñas muy blancas, los labios muy rojos, la piel carmelita. Le gustaba peinarme en los recesos, hacerme trenzas sostenibles, resistentes al tiempo. Era una maestra de sueño. Hoy la visto a la moda de los setenta, con un pañuelo en mitad de cabeza y pantalones acampanados.


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